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Esfumatrón 2026, Número 5


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España acoge el acto Europeo de la OMS por el Día Mundial Sin Tabaco
La Organización Mundial de la Salud (OMS) eligió este año España como sede de su evento europeo con motivo del Día Mundial Sin Tabaco. El acto contó con la coorganización de entidades europeas de referencia —el Smoke Free Partnership (SFP), la European Network for Smoking and Tobacco Prevention (ENSP) y la European Respiratory Society (ERS)— junto a organizaciones españolas de ámbito nacional comprometidas con el control del tabaquismo. La logística corrió a cargo de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), que resolvió la organización con brillantez.
El encuentro tenía como objetivo fomentar el diálogo entre instituciones europeas y nacionales sobre el futuro de la lucha contra el tabaquismo, con especial atención al refuerzo de la regulación de los productos de tabaco y nicotina. Entre los temas centrales figuraron la fiscalidad y la regulación de la publicidad, la promoción y el patrocinio, en particular frente a las estrategias dirigidas a los jóvenes.
Durante el acto se entregaron los premios de la OMS a los galardonados europeos, entre ellos la ministra de Sanidad de España, quien, tras recibir la distinción, abandonó la sala sin excusarse. En su ausencia, la representación política quedó en manos de parlamentarios del PP y del PSOE, cuya posterior intervención en una mesa redonda transcurrió sin pena ni gloria.
El momento más contundente lo protagonizó Noa Rey, presidenta del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), que habló en nombre de las organizaciones anfitrionas y se dirigió directamente a los representantes políticos: "No podemos permitirnos seguir siendo el estanco de Europa. Hay que aumentar ya el precio", reclamó, subrayando que la medida beneficiaría sobre todo a los jóvenes y a las poblaciones más desfavorecidas. Rey exigió además el empaquetado neutro, "una medida coste-efectiva" ya implantada con éxito en más de 25 países, entre ellos Irlanda, Francia y Nueva Zelanda, y una equiparación total de todos los productos de tabaco y nicotina, "para que sea más fácil legislar, más fácil cumplir la legislación y más difícil que accedan a ellos nuestros jóvenes".
Para cerrar, Rey dedicó unas palabras a la ministra ausente: el premio recibido, recordó, lleva aparejada la responsabilidad de hacer avanzar la agenda del control del tabaco en España.
Organizaciones europeas y españolas de control del tabaquismo reclamaron en Madrid subir el precio del tabaco, implantar el empaquetado neutro y equiparar la regulación de todos los productos con nicotina, durante el acto europeo de la OMS celebrado en España.
La Dra. Isabel Nerín, presidenta de la Sociedad Aragonesa Libre de Tabaco (SALT), mostró su profunda preocupación en Aragón Noticias ante el alarmante auge de los cigarrillos electrónicos. Alertó de que el 26% de los adolescentes españoles ha vapeado en el último mes. Aunque Aragón se sitúa diez puntos por debajo, registra consumos de tabaco tradicional superiores al promedio nacional. Nerín desmontó el mito de la inocuidad del vapeo, definiéndolos como "cigarrillos disfrazados" con sabores que ocultan aerosoles cancerígenos. Señaló que la baja percepción de riesgo, los ambientes festivos y su enorme accesibilidad disparan el consumo entre menores, quienes imitan a mayores creyendo erróneamente que resulta inofensivo. Además, advirtió que la nicotina es una peligrosa puerta de entrada al tabaquismo convencional, exigiendo una regulación más estricta del mercado digital, urgentes campañas escolares de prevención y recordando que el humo pasivo causa 182 muertes anuales en Aragón.


Día Mundial Sin Tabaco: SALT alerta del peligro del vapeo
Por su parte, el Dr. Rodrigo Córdoba, vicepresidente de SALT, calificó la compleja situación en Buenos Días Aragón como una silenciosa epidemia. Contrastó el descenso histórico del tabaquismo en menores con el incesante disparo del vapeo: la mitad de los adolescentes lo ha probado y uno de cada cuatro es consumidor regular. Desmintió tajantemente que emitan vapor de agua, aclarando que, al calentarse a cuatrocientos grados, generan un peligroso cóctel químico con formaldehído, nitrosaminas y metales pesados que superan en hasta cien veces al tabaco. Añadió que triplican el riesgo de fumar cigarrillos convencionales en el futuro. Denunció también el uso de aromas frutales con edulcorantes tóxicos, recordando el dramático caso de una joven barcelonesa que sufrió una hemorragia pulmonar grave tras consumir vapeadores desechables. Para combatir firmemente esta lacra, Córdoba criticó la evidente parálisis legislativa desde 2010 y propuso duplicar el precio de la cajetilla, prohibir fumar en terrazas y potenciar el necesario apoyo especializado, elevando la tasa de éxito para abandonar el hábito del cinco al 60%. Córdoba concluyó su intervención advirtiendo a los jóvenes que la industria los utiliza cruelmente como ratones de laboratorio para lucrarse a costa de su salud presente y futura.
Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, la Presidenta y el Vicepresidente de SALT han advertido en los medios aragoneses sobre la alarmante epidemia del vapeo entre menores, desmintiendo su inocuidad y exigiendo normativas más estrictas frente a un mercado digital descontrolado y altamente adictivo.
El truco para esquivar la prohibición del mentol en los cigarrillos
¿Recuerdas los cigarrillos mentolados? En España y en toda la Unión Europea están prohibidos desde el 20 de mayo de 2020. La norma viene de una directiva europea de 2014 que vetó los cigarrillos y el tabaco de liar con aromas característicos, aplicada en nuestro país mediante el Real Decreto 579/2017.
¿Y por qué quitar el mentol? No por el sabor a menta en sí, sino por lo que esconde. Como recordó Sanidad, el mentol enmascara el sabor amargo del tabaco quemado y actúa como anestésico, adormeciendo boca y garganta. Hace que fumar resulte más suave, sobre todo para quien empieza. Por eso atrae a nuevos fumadores, especialmente jóvenes, y dificulta dejarlo. El frescor es, en el fondo, un cebo.
Y aquí está la grieta, que es legal: la ley prohíbe los sabores característicos, no los aditivos que producen frescor. Si lo que engancha es la sensación, no el olor, basta conservar una y eliminar el otro. Misión cumplida con un compuesto de nombre poco glamuroso: WS-3.
Un equipo de la Universidad de Duke, dirigido por el bioquímico Sven-Eric Jordt, analizó los nuevos cigarrillos "sin mentol" y destapó el truco: R.J. Reynolds había sustituido el mentol por este enfriador sintético. Ni siquiera es nuevo: nació en los años setenta, cuando la británica Wilkinson Sword buscaba dar frescor a sus productos de afeitado sin irritar la piel.
Lo ingenioso —y preocupante— es cómo burla la norma. El WS-3 suaviza el humo y refresca igual que el mentol, pero no huele a menta, así que no cuenta como "sabor" y se cuela por el resquicio. Por dentro, el cuerpo no nota la diferencia: ambos activan el mismo "sensor del frío", el TRPM8, y el WS-3 incluso con más fuerza. Y dentro de esos cigarrillos aparecieron también sabores a vainilla y frutas tropicales en cápsulas del filtro, los que más atraen a adolescentes.


¿Solución? Hay que prevenir el efecto, no solo el sabor. Varios países, como Bélgica y los Países Bajos vetan los aditivos que producen frescor y facilitan fumar, se llame como se llame. Así cierran la puerta antes del próximo truco.
WS son las iniciales de Wilkinson Sword, la empresa británica de cuchillas de afeitar que desarrolló estos compuestos en los años setenta. Wilkinson Sword creó alrededor de 1.200 compuestos refrescantes distintos para sus cremas para después del afeitado. Solo comercializó ocho, numerándolos correlativamente: WS-3, WS-5, WS-12, WS-23, etc. El 3, por tanto, es simplemente el número de serie dentro de esa colección de moléculas.
En cuanto a su identidad química, el WS-3 es la N-etil-p-mentano-3-carboxamida (N-ethyl menthane-carboxamide), un derivado del mentol que fue el primero de esta familia en comercializarse con éxito. Pertenece al grupo de las amidas derivadas del mentol y produce sensación de frío sin apenas olor, porque —a diferencia del mentol natural— es poco volátil.
La Unión Europea vetó los cigarrillos mentolados en 2020, pero la industria del tabaco ha encontrado la grieta. Un compuesto sintético reproduce la sensación refrescante que atrae a nuevos fumadores sin el delator olor a menta, colándose por el resquicio que deja la normativa.


El azúcar de los cigarrillos se convierte en veneno al arder
Durante años se ha sabido que las tabacaleras añaden azúcares a los cigarrillos para suavizar el humo y disimular su aspereza, facilitando la inhalación. Lo que no se conocía con precisión era qué ocurre con ese azúcar en el momento de encender el cigarrillo. Un estudio reciente publicado en Nicotine & Tobacco Research lo revela a nivel químico.
Mediante el marcaje isotópico —una técnica que etiqueta las moléculas de azúcar para seguir su rastro durante la combustión—, los investigadores comprobaron que el azúcar no se evapora de forma inocua. Al arder, se transforma directamente en compuestos tóxicos como furanos y aldehídos. De hecho, hasta el 58 % del 5-hidroximetilfurfural presente en el humo procedía de los azúcares añadidos por los fabricantes.
¿Qué supone esto para quien fuma? En la práctica, los cigarrillos azucarados exponen los pulmones a una mayor carga de sustancias dañinas. Algunos de los compuestos resultantes, como el formaldehído, irritan gravemente las vías
Un estudio en Nicotine & Tobacco Research demuestra que los azúcares añadidos por las tabacaleras se transforman, al quemarse, en compuestos tóxicos y cancerígenos. Los autores reclaman su retirada inmediata.
respiratorias y tienen un potencial cancerígeno demostrado. Además, al quemarse, el azúcar genera notas acarameladas que enmascaran el sabor áspero del tabaco y vuelven el producto más agradable y fácil de consumir, sobre todo para quienes empiezan a fumar.
Un llamamiento a la acción
Los autores concluyen que gobiernos y reguladores deberían prevenir de inmediato la adición de azúcares a los productos de tabaco combustible. Y van más allá: proponen fijar límites máximos estrictos incluso para el azúcar que la planta contiene de forma natural, ya que al arder produce el mismo efecto nocivo.
En definitiva, el estudio aporta pruebas sólidas de que los aditivos dulces esconden un riesgo considerable. Regular el contenido de azúcar del tabaco podría ser una pieza clave para proteger la salud pública mundial.
Pocos lo saben, pero el cigarrillo es un producto sorprendentemente dulce. El azúcar figura entre los aditivos más abundantes del tabaco: la propia industria lo considera un "componente clave" de sus productos, por encima incluso de otros tan conocidos como el mentol.
Las cifras hablan por sí solas: los azúcares —junto con miel o jarabes de frutas— pueden representar hasta el 18% del peso del tabaco. Casi una quinta parte.
¿Para qué tanto dulce? Primero, el sabor: al arder, los azúcares generan aromas acaramelados que disfrazan el gusto del humo. Segundo, y más inquietante: su combustión produce ácidos que rebajan el pH del humo, suavizan la irritación de garganta y lo hacen mucho más fácil de inhalar. Especialmente para quien empieza.
El aditivo secreto del tabaco: azúcar para suavizar el humo
El humo que inhalamos quienes no fumamos no es ambiental, es ajeno.
Para comprender la magnitud de este problema, basta con observar la realidad tras la adopción de políticas integrales libres de humo. Si calculamos la exposición al humo ajeno mediante encuestas inmediatamente posteriores a la implementación de estas normas, podemos constatar el impacto directo de la acción inmediata. Al medir este cambio continuo en la exposición, la evidencia es innegable: la salud pública mejora drásticamente cuando se detiene esta invasión. Sin embargo, para mantener y fortalecer estas políticas protectoras, la sociedad debe nombrar la amenaza correctamente.
Si seguimos usando eufemismos pasivos, suavizamos el daño. El "humo ambiental" parece no tener dueño, pero el "humo ajeno" nos recuerda que la libertad de respirar aire limpio está siendo arrebatada por las decisiones de terceros.
Nombrar el humo ajeno como es constituye un primer paso necesario. Es el momento de abandonar términos cómplices, abrazar la verdad y proteger la salud.
Las palabras tienen sentimientos y construyen nuestra realidad diaria. Llamar ambiental al humo que padecemos minimiza el daño y protege a quien lo emite. Debemos hablar claro para exigir respeto usando los términos correctos siempre.
El lenguaje no es una herramienta aséptica. A menudo olvidamos que las palabras tienen sentimientos, cargan con culpas, eximen de responsabilidades y dirigen la mirada hacia lugares concretos. Cuando empleamos la expresión "humo ambiental del tabaco", estamos cometiendo un error fundamental de percepción. Lo "ambiental" nos remite a la naturaleza, a algo etéreo, inevitable y general, como si el humo tóxico brotara espontáneamente de las baldosas o cayera del cielo como una niebla inofensiva.
Pero ese humo no pertenece al entorno. Es, directa y llanamente, humo de tabaco ajeno.
Adoptar este término no es un mero capricho lingüístico; es un acto de justicia y precisión. Al añadir la palabra "ajeno", devolvemos la responsabilidad a su lugar de origen: una persona que, con su consumo, está alterando el aire que obligatoriamente respiran los demás. El adjetivo "ajeno" subraya la intrusión, la violación de un espacio compartido y la imposición de un riesgo sanitario que nadie ha elegido asumir.
Según informa POLITICO, un grupo transpartidista de eurodiputados ha fracasado en su intento de endurecer las normas sobre el lobby de la industria del tabaco en Bruselas. Los líderes de la Comisión de Asuntos Constitucionales decidieron que los miembros del Parlamento Europeo pueden determinar por sí mismos con quién se reúnen, asestando un golpe a la campaña liderada por Tilly Metz (Verdes) y Nicolás González Casares (Socialistas y Demócratas).
Mientras los lobistas del tabaco figuren en el registro de transparencia de la UE y las reuniones queden registradas, los contactos con el sector se mantienen dentro de las normas vigentes. Loránt Vincze, coordinador del Partido Popular Europeo (PPE) en la comisión, declaró a POLITICO que imponer restricciones específicas a un sector plantearía serias dudas constitucionales e institucionales, y defendió que los eurodiputados deben ser libres de decidir qué información necesitan y con quién dialogan, rindiendo cuentas ante sus votantes.
La decisión supone una victoria para la industria tabacalera, que conserva el mismo acceso a los legisladores que cualquier otro sector, justo cuando Europa prepara legislación más estricta, desde la fiscalidad del tabaco hasta la venta de productos


El parlamento europeo rechaza restringir el acceso de los lobistas del tabaco
de nicotina. Casares atribuyó el resultado a una alianza protabaco entre el PPE y la extrema derecha que antepone los intereses de la industria a la salud pública, mientras Metz advirtió de que la revisión de la Directiva de Productos del Tabaco suscitará interrogantes sobre transparencia, conflictos de interés e integridad del proceso legislativo.
En una carta enviada en febrero a la presidenta Roberta Metsola, los eurodiputados habían reclamado un régimen de registro específico, acusando al Parlamento de incumplir el convenio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre control del tabaco, que limita los contactos con la industria a lo estrictamente necesario. Citaban 257 reuniones registradas entre lobistas y eurodiputados entre 2023 y 2025, muchas vinculadas a la Directiva de Fiscalidad del Tabaco.
El revés llega cuando la influencia del sector crece en Bruselas gracias a productos como los vapeadores que, con sabores y colores atractivos para menores, amenazan —según la OMS— con enganchar a la nicotina a una nueva generación.
Los coordinadores de la Comisión de Asuntos Constitucionales deciden que cada eurodiputado elija con quién se reúne, frustrando la iniciativa de Verdes y Socialistas para limitar la influencia de la industria tabacalera en Bruselas.
Universidades suizas bajo sospecha por vínculos con industria tabacalera
La iniciativa Transparencia y Verdad, liderada por OxySuisse, ha sacado a la luz una red de colaboraciones entre las compañías tabacaleras y la universidad suiza. El informe, el primero que aborda el fenómeno de forma sistemática, contactó con 31 instituciones y halló que 16 habían mantenido acuerdos con el sector, sumando 29 colaboraciones desde 2019. De ellas, 23 involucraban a Philip Morris.
Las fórmulas son variadas: investigación conjunta, publicaciones, talleres financiados por la industria, actividades docentes y contratos de consultoría. El número real podría ser mayor, ya que algunos vínculos solo afloraron tras pesquisas adicionales de los investigadores, más allá de lo que las propias universidades reconocieron.
El caso de la Universidad de Lucerna resulta especialmente inquietante. Un estudio firmado por el profesor Schaltegger sostenía que fumar podría generar un beneficio económico neto para la sociedad suiza, porque la muerte prematura de los fumadores reduce el gasto del sistema de pensiones. El trabajo, sin revisión por pares ni publicación científica, calculaba que el fallecimiento de una fumadora de 50 años ahorraría unos 325.000 francos. Se difundió en 2022, semanas antes de la votación de la iniciativa «Niños sin tabaco».
La opacidad agrava el panorama. Pese a las leyes de transparencia, varias instituciones se negaron a revelar los detalles de sus acuerdos, y OxySuisse tuvo que recurrir a los tribunales, que fallaron sistemáticamente a favor de la divulgación.
El contexto suizo facilita esta penetración. El país firmó el Convenio Marco de la OMS en 2004, pero sigue sin ratificarlo; en marzo de 2026 el Parlamento rechazó iniciar el proceso. Con la fuerte presencia de multinacionales como Philip Morris International (PMI) y Japan Tobacco International, Suiza ocupó en 2025 el puesto 99 de 100 en el Índice Global de Interferencia de la Industria Tabacalera.
La investigación reclama mayor transparencia, directrices éticas más claras y una supervisión más estricta para proteger la independencia científica y la salud pública frente a una industria cuyo producto estrella mata a uno de cada dos consumidores habituales.
Una investigación de OxySuisse documenta 29 colaboraciones entre tabacaleras y 16 instituciones académicas entre 2019 y 2024, en un país que aún no ha ratificado el convenio antitabaco de la OMS
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Ultima actualización: mayo 2026

























